lunes, 4 de mayo de 2009

Fantaseando con... Edward Cullen. Primera parte

Por mi cumpleaños, me prometieron regalarme la saga Crepusculo. No vi la película por querer leerme antes los libros. Lo siento, me jodieron con Harry Potter y no quería permitir que me pasara lo mismo. A comienzos del puente, llegaron los libros. El viernes comencé a leer el primero y ya me lo estoy terminando (esta noche daré su fin). De su contenido, no revelaré nada, excepto que muchas de las acciones del libro suceden en coches.
Nunca he practicado sexo en un coche. Edward, el vampiro más sexy, sucedido por Ángel, (de Ángel o Buffy cazavampiros), me pone a mil. Es una lástima haber visto el rostro que le pusieron en la película, pues me limita la imaginación cuando lo leo, pero mis últimas fantasías más húmedas suceden con él en la parte trasera de un coche. No lo he llegado a desarrollar mucho, pero hasta donde lo he conseguido, yo me encuentro sentada encima de él mientras nos enrollamos, nos frotamos, restregamos, magreamos... se puede expresar de mil formas, pero solo con pensar eso ya estoy que echo humo. Delicadamente, me quita la camiseta y... bueno, es un vampiro... me pone que me muerdan el cuello. Suele acabar cuando él me lo muerde y ambos llegamos al clímax, el por morderlo y yo porque me lo muerdan. Dado lo avanzado del libro, he llegado a enamorarme perdidamente de él, lo que me hace plantearme una pregunta ¿Es mejor el sexo salvaje o hacer el amor? No creo que uno sea mejor que otro. Solo existe la diferencia de llegar al orgasmo, porque para mí, en la primera situación llego por la intensidad del momento, pero en la segunda, se crea una atmósfera amorosamente apasionada: no solo tienes sexo, sino que lo haces con la persona amada, con la que quieres estar.
La verdad es que esto no es un relato, es solo lo que pienso. A veces necesito expresarme con estas cosas. De todas maneras, si me paro a pensar, me es muy fácil verme haciéndolo con Edward. Solo visualizo cómo el me posee en una cama, mientras yo gozo debajo. No me oigo, pero se que gimo alto. Puedo ver como, en un rápido movimiento, soy yo la que estoy encima. Pero no como siempre. No voy rápido. Mis movimientos son lentos, para disfrutar en cada momento del placer que me provoca hacerlo con él. Es precioso, porque nos sonreímos al "leernos" mutuamente la mente, diciéndonos que queremos un beso.
Para mí esto sería hacer el amor. Y digo "sería" porque por desgracia aun no lo he experimentado. Llevo dos días pensando que si esto no ha pasado ha sido porque la persona adecuada no ha llegado aun. Espero poder conocer eso algún día, pero por ahora, será Edward quien culmine mis fantasías sexualmente amorosas.
En estos días pensaré en un relato con él. Esto se ha quedado un poco light. :D

miércoles, 29 de abril de 2009

Onanismo, que gran invento!

Últimamente, y cada vez con más frecuencia, tengo una sensación bastante conocida. A pesar de que creía que solo me pasaba cuando estaba con otra persona en disposición de mantener relaciones, lo que se suele llamar tensión sexual, ahora me pasa solo con echarle un poco de imaginación. Y es que es un pecado llevar casi 5 meses sin sexo del bueno. El caso es que, apenas me pongo a pensar en algunas personas ya noto dicha sensación, que podría describirse como: el comienzo de un suave cosquilleo a la altura de la pelvis, el calentamiento de mi zona sexual y una gran necesidad de tener roce, aunque sea mínimo. Suele pasarme cuando estoy en instituto, pues estar rodeada de chicos atractivamente sexuales no ayuda, pero la última vez que me ha pasado ha sido esta mediodía, cuando iba a subirme a casa de vuelta de clase. Lo primero que he tenido que hacer ha sido subirme a mi cuarto. Mi zona estaba bastante humedecida y, obviamente, lo he aprovechado. Solo basta penetrarme con un dedo y frotar por dentro un poco para que mis ganas aumenten. Con una mano aferrada a la almohada y mordiendo un cojín sigo frotando, y cada vez con más frecuencia, pero mi sed sexual crece, y cada vez de forma menos controlada. Necesito más, lo se, pero aun así intento pensar que solo con eso me ha de bastar. Lo que siento es una sensación de vacío. El tamaño de un dedo no es comparable con el de un pene. Eso solo sirve para apaños en momentos de necesidad, pero no en estos momentos, que apenas me imagino botando encima de alguien y ya estoy con ganas de juerga. Espero que esta racha cambie pronto.
Mi habitual forma de practicar este deporte no es, pues, solo con un dedo. Mantengo una especie de ritual con mi cuerpo, bastante monótono, la verdad. Para empezar, sintonizo algún canal donde retransmitan películas porno. Comienzo solo viéndolo, y acaricio mis pechos suavemente. Tras esto, suele aparecer alguna imagen que me guste, que suele ser cuando el tío le da placer a la chica. Y es entonces cuando, notándome yo mas receptiva, comienzo a palpar mi zona. Acaricio suavemente el clítoris. Primero simplemente tocándolo un poco, luego ya comienzo con unos movimientos circulares. A medida que la escena de la película me vaya gustando más, yo voy más rápido, pero si me parece poco interesante, sigo con un ritmo calmado. Al llegar a una parte del polvo televisivo que me sea muy agradable, comienzo a ir todo lo rápido que pueda, y ello conlleva a uno de los más exquisitos placeres que he probado en mi vida. Tras una pelea con mi almohada (si, la muerdo prácticamente siempre, pero por no gemir) termina todo, con una maravillosa sensación de recalentamiento entre mis piernas. Después de esto, al tener mas humedecida la zona, es cuando me penetro con un dedo, que viene a ser la guinda final.
Esta noche terminaré lo comenzado a mediodía. =D

sábado, 25 de abril de 2009

Nota informativa

Para todos aquellos que se meten en mi blog simplemente porque me conocen y voy a su mismo centro de estudios.

Queridos compañeros:

He sido informada (aunque ya lo sabia e/o imaginaba) de que mucha gente de clase se ha metido aquí solo para saber si era cierto eso de que escribo relatos personales. Bien, si lo hago, y me siento orgullosísima de ello, pues la gente que los lee porque le interesan los aprecia mucho, ya que tengo la capacidad de transmitir sensaciones maravillosas con mis palabras. No soy una obsesa sexual, ni una viciosa, para nada, solo disfruto de lo que hago y de poder compartirlo con quien quiera leerlo. Si piensas que porque sabes algunas cosas intimas de mi te puedes jactar o vacilarme, vas listo. Me da igual lo que pienses de mi o digas a mis espaldas, si no tienes vida propia, y tienes que ir alimentándote de la de los demás, es tu problema, pero en tu comportamiento solo has demostrado que no eres una persona lo suficientemente madura como para leer las lineas que se suceden, pues solo una persona como tu podría cachondearse de algo tan bello como esto. Solo es literatura, ni mejor ni peor que cualquier otro tipo de cuento, relato, novela, etc., pero la quiero mas, porque nace de mi.
Reflexiona sobre ello.

jueves, 26 de febrero de 2009

Disculpen las molestias... :D

Buenas! siento haber tardado tanto en publicar, pero he estado liada con cosillas y tampoco tenia los animos muy por la labor de escribir. ¿Os podeis creer que he podido pasarme 3 semanas sin tocarme? Si, lo se, no merezco vivir, pero es que sencillamente no me apetecía. Cada vez que me masturbo, a la hora de llegar al orgasmo, se me aparece la imagen de un fantasma (uno muy sexy) que me hizo gozar tanto como ahora echarle de menos. Es taaan complicado disfrutar de un placer tan sublime mientras alguna que otra lágrima resbala por mis mejillas... pero la vida sigue y por suerte y gracias a dos buenisimos amigos supero mis problemas cual perro lame sus heridas tras una dura pelea. De todas maneras, gracias por leerme y espero que disfruteis con mis proximas publicaciones tanto como con la 3ª!!

miércoles, 11 de febrero de 2009

La decisión final

Entre muchas deliberaciones acerca de qué experiencia iba a escribir y de la presión mediática de algunos lectores (que se agradece, por cierto) he decidido que voy a escribir una fantasía. Lo siento, pero no puedo elegir a quién relatar antes.

Hay veces que me imagino que cuando voy a bajar a mi trastero y estoy sola, hay un desconocido. Me motiva mucho la idea de tirarme a alguien que no conozco de nada. Y que se queda en eso, un polvazo con nadie. Me encantaría que apareciese de repente, me agarrase del brazo y me empujara contra él. Yo llevaría un vestido de tirantes y me lo arrancaría con tal fuerza que se romperían. Me pondría contra la pared y empezaría a comerme el cuello mientras me sujeta de las muñecas. Me pondría tan cachonda que las piernas empezarían a temblarme. Me abrazaría a su cuello mientras nos besamos y él me cogería en brazos. Seguiría besándome por diferentes sitios (mejillas, cuello, hombros,...) mientras le quito la camisa. Me desabrocharía el sujetador y volvería a ponerme en el suelo. Mientras me lame los pechos, me quitaría el tanga. Juguetearía con mis pezones a la vez que me acaricia el clítoris. Y me penetraría con sus dedos. En ese momento sentiría que floto. Y mi chip salvaje se activaría. No podría resistirme a tirarme a su cuello, y menos a quitarle los pantalones mientras lo hago. Me arrodillaría ante él y mis manos empezarían a juguetear con su pene. Le acariciaría un poco por fuera y luego se la sacaría. Le masturbaría mientras mi lengua juega con su punta. Empezaría a lamerle por debajo e iría subiendo poco a poco. Cuando ya estuviese toda bien húmeda, me la metería en la boca y comenzaría a chupar, despacio, con delicadeza. Después de un rato, empezaría a subir lamiendo su pecho. Llegaría a su cuello, le besaría. Él me pondría contra la pared y empezaría a penetrarme. Sus manos se entrelazarían con las mías y por cada penetración profunda me las apretaría. Que gozada, por dios. Se tumbaría en el suelo y yo me pondría encima. Comenzaría a cabalgarle. Me agarraría de la cintura y me movería al compás que él quisiera, pero una vez cogido el ritmo, le apartaría sus manos, las mías se apoyarían sobre su pecho, y dejaría que yo hiciese todo el trabajo. Mientras, me acariciaría los pechos y jugaría con mis pezones. Cambiaríamos de postura, poniendome esta vez yo debajo. Una pierna se apoyaría sobre su hombro mientras él me folla intensamente. Entre gemidos, arañazos, besos y mordiscos, llegaríamos al éxtasis, al climax. Se vestiría y se iría sin decir nada, dejándome sola, semidesnuda y sudorosa en el suelo.

jueves, 29 de enero de 2009

¡Que noche la de aquel día!

Nerviosa, en mi casa, a la espera de la llegada de un amigo. Suena mi móvil: "Me he perdido". Después de estar media hora indicándole las señas, por fin suena el telefonillo. Yo seguía inquieta, apenas podía hablarle y mirarle a la cara a la vez. Charlamos durante aproximadamente una hora y decidimos ir a mi cuarto, a ver una peli. Alien vs. Predator fue la elegida. Después de fingir durante un rato que me estaba enterando, empezó a acercarse hacia mi, lentamente. 

He de decir que tengo un sofá en mi cuarto y nos sentamos ahí. Empecé a hacerle cosquillas por el brazo. Al poco, colocó su cabeza encima de mis piernas, y sinceramente, no se como podía ver así la peli, pues la pantalla del ordenador estaba en dirección contraria. Lo siguiente que recuerdo es que él de nuevo estaba sentado y mis piernas arqueadas pasando por encima de las suyas. Al momento comenzamos a besarnos. Me mordió el cuello, y me volví loca. Empecé a gemir, casi a gritar, pues soy bastante escandalosa en ese sentido. Seguimos enrollándonos y comenzó a quitarme la camiseta. Yo le quité la suya. Fuera mi sujetador, comenzó a lamerme los pezones, a juguetear con ellos y a darme pequeños y suaves mordisquitos. Entre besos y un par de mordiscos más en el cuello, me cogió en brazos y me llevó hasta mi cama. Me quito suavemente los pantalones y comenzó a lamerme y a tocarme por encima de mi ropa interior. Estaba realmente cachonda. Me libero de mi tanga negro y comenzó a penetrarme con sus preciados dedos. Me estaba volviendo loca, gemía, gritaba, arañaba las sábanas, mordía la almohada,... Y él no paraba de trabajarse mis bajos, fue increíble. De repente paró. Me dijo que pobres mis vecinos, que les iba a despertar (realmente gemía muy alto). Supongo que sería un pretexto para descansar el brazo. Empezamos a enrollarnos de nuevo y volvió a hablar -¿Sabes qué? Que se jodan tus vecinos- y comenzó de nuevo a meterme sus dedos, ahora más rápido que antes. No se cómo no se desconcharon las paredes de mi habitación, pues no paraba de arañar todo lo que se ponía por medio. 

Muy agradecida, me incorporé. Le pedí que se tumbara en mi cama y me puse encima. Él ya se había quitado los pantalones, así que simplemente deslicé sus calzoncillos y busque un preservativo. Era de sabores, creo que de naranja. ¡Qué rico estaba! Comencé a lamerle la punta de su exagerado miembro, y digo exagerado porque realmente estaba muy bien dotado el chaval. Poco a poco, empecé a bajar y a lamerle el resto. Al momento, me la metí en la boca, y mientras mi mano la sujetaba firmemente y se deslizaba hacia arriba y abajo. Chupaba con ganas, pues quería devolverle el trabajito que me había hecho el antes. Mi lengua, a la vez, jugueteaba con su punta. Estuve así un rato: lamiendo, chupando, jugueteando con mi lengua,... y mientras, masturbándole con la mano. 

Al poco se puso un condón para penetrarme y comencé a botar encima de él. Si lo de antes me volvía loca, esto ya ni te cuento. No sabía como ponerme. Sus manos en mi cintura guiaban mis movimientos, pero mi cuerpo llevaba las riendas del acto. Simplemente cabalgaba, o me recostaba sobre él para que hiciera sus movimientos pélvicos. Pasó un rato entre gemidos, botes y besos cuando decidimos cambiar de postura. Esta vez me puse debajo y tuvo que hacer un gran esfuerzo para no recostarse sobre mi, pues su pene era realmente grande y me molestaba. A pesar de ello, me encantaba lo que hacía. Su forma de moverse era tan salvaje que en cada embestida me hacía perder la cabeza de placer. Y volví a mi línea de arañar y morder todo lo que podía. No paraba de gemir y no era consciente de la afonía que iba a padecer al día siguiente. Fue fantástico. Días anteriores, le comenté que nunca lo había hecho de lado, así que cambiamos de postura; pero no duramos mucho, ya que me gusta mirar a la persona que me está follando. Volví a ponerme a horcajadas sobre él. Cada orgasmo era más intenso, tenía la zona ya muy sensible y con cada gemido gritaba más. Empecé a notar la boca seca, así que, con mucho esfuerzo, le pedí descansar un poco para beber agua. Me puse de pie, pero él aprovechó para cogerme en brazos y apoyarme sobre el respaldo del sofá. Me aferré a su cuello, no sé si le arañé. Intenté ser más delicada que con las sábanas, pero era bastante difícil, todo era tan salvaje que mi comportamiento no iba a ser menos. Mis piernas le rodearon y me aferré a sus hombros. No recuerdo si llegué a clavarle las uñas y apenas podía abrir los ojos del placer que estaba sintiendo. 

Al fin, decidimos hacer una parada para tomarnos algo y bajamos a la cocina. Había pasado hora y media de polvo. Cogimos un refresco y nos fuimos al salón. Mientras nos lo tomábamos, estuvimos viendo cosas en el portátil, pero pronto decidimos volver a la carga. Me cogió en brazos y me subió de nuevo a la habitación. De nuevo yo encima, aunque recostada, por lo que él hacía el trabajo. No se cómo pudo sobrevivir esa noche mi almohada. Cambiamos de postura, esta vez yo debajo, le envolví con mis piernas, mis manos se posaron sobre su espalda y creo que ahí si que no pude evitar el arañarle. Todo estaba llegando a su fin. Para que al correrse, la penetración pudiera ser más profunda, volví a estar encima, aunque ahora completamente recostada sobre él. Empezó a ir mucho más rápido que antes, y mucho más fuerte. Me aferré a la almohada, empecé a besarle y medio morderle por el cuello, luego en la boca, una de mis manos la coloqué en su nuca y, al morder un cojín, se corrió. 

Descansamos un rato y charlamos mientras se vestía. Yo me puse una camiseta "larga". Se iba a ir. Le acompañé hasta la cocina para que bebiese algo antes de irse. Empezamos a despedirnos en la entrada. Al besarnos, mi mano le rozó la piel que está a la altura del pantalón. Me agarro por la cintura y cerro la puerta. Me llevó al salón, y después de unos minutos de guarreo, de nuevo comenzó todo. Esta vez él sentado en el sofá y yo cabalgando encima. Mis manos agarraban el respaldo del sofá mientras botaba con fuerza. No quería que me ayudase, sabía que podía hacerlo sola e ir tan rápido como quisiera. Le estaba encantando. Solo siento el haber gemido tan alto teniendo la ventana abierta, pues era un verano muy caluroso y debían ser las 5 de la madrugada. Me cogió y me puso sobre la mesa. Mi instinto me llevaba a tumbarme, pero si hacía eso, me dolía. Me sentó sobre el sofá e intento penetrarme así, pero era difícil así que volví a cabalgarle. A mi me encantaba, pues a parte del placer que me estaba dando, nunca me había sentido tan salvaje. Cuando iba a terminar, me abrazó, se levantó, y se tumbó en el suelo. Igual que antes, empezó a ir muy rápido y fuerte. Como la penetración no era muy profunda, a mi me encantaba y, con los gemidos de ambos, de nuevo todo terminó. Eran, más o menos, las 6:00. Nos despedimos, ahora en serio, y se marchó. Recogí todo, subí a mi habitación. Me dolía el cuello cuando lo giraba de los mordiscos. Tenía agujetas en las ingles. Pero me daba igual. Era feliz, pues mi dolor solo significaba que acababa de terminar el mejor polvo de mi vida. Me tumbé en la cama. A pesar de que dentro de unas horas haría 24 que no dormía, no tenia sueño, solo cansancio. No cambiaría esa noche ni ese recuerdo por nada del mundo.

Me acuerdo de los detalles, como habréis podido observar, igual que si hubiese sido ayer. No he podido olvidarme de algo tan magnífico. Algunas cosas las he simplificado por no repetir, pero solo paraba de gemir cuando nos estábamos besando y casi continuamente arañaba y mordía. No puedo parar de decir que todo, absolutamente todo, fue genial.

lunes, 26 de enero de 2009

Clasificación e Introducción

Si mis amantes fueran frutas, quien, por ahora, lleva la medalla de oro sería un melón. El de plata, un plátano. Bronce, un kiwi. El 4º sería como una naranja, el 5º, como una mandarina. Y el 6º, como una sandía.

Esta clasificación es para poder dar un nombre a mis amantes. Que sean frutas, es porque no se me ocurría otra cosa. Y que sean esas, es porque son las que mas me gustan, pero no necesariamente el Sr. Melón, por ejemplo, tiene por que ser dulce, de hecho, era todo lo contrario: salvaje, apasionado, seductor, atractivo,… hacía que me corriera con el simple hecho de morderme el cuello. Aun retumban en mi cabeza la fuerza de los gemidos que salían por mi boca cuando estaba con él. Me excitaba desde que entraba por la puerta hasta dos horas después de haberse ido. Su forma de besarme, de acariciarme, de tocarme era extraordinaria. Pero, preeliminares aparte, no tenéis ni idea de cómo era su forma de follarme. Nunca nadie ha dado tanto en el clavo. Me lo hacía a lo bestia y eso me desataba a mi. No sabía lo apasionada en la cama que podía llegar a ser hasta que le conocí. Me desataba, me volvía loca. Siempre creí que yo era más pasiva, pero nunca olvidaré la forma de moverme mientras botaba encima de él. Dios mío, estaba desenfrenada. Sentado sobre el sofá, con sus manos sobre este y yo moviéndome a horcajadas sobre su apreciado miembro. He de decir, que aparte de ser de orgasmo fácil, soy multiorgásimica, por lo que darme placer a mi, no es difícil con la simple penetración, pero lo del Sr. Melón era cosa de los Dioses del Olimpo. Su fuerza y su rapidez hacían que se me quedara la boca seca, pues no paraba de gemir. Pero lo más asombroso, como he dicho antes, era que podía llegar al orgasmo simplemente cuando me mordía el cuello. La forma tan salvaje de comportarse me ponía a mil. Ha sido el único hombre que me ha hecho perder la cabeza.

Ahora simplemente os he descrito cómo me lo hacía. Otro día, os relato la primera vez que follamos. Os juro que esa noche fue la mejor de mi vida.